A modo de cierre (por ahora)

Esto ya no es un descuido administrativo; es la radiografía exacta del doble discurso como método de poder. Nos vendieron el sacrificio, la motosierra y la austeridad monacal, pero cuando rascás la superficie de la primera línea del funcionariado, salta el perito contador ocultando bienes, las declaraciones juradas enmendadas a los apurones y los millones cruzados entre hermanos que no logran explicar cómo se hicieron ricos mientras el país se hunde.
El “AdorniGate” no es un hecho aislado: es la confirmación explícita de que la supuesta batalla cultural era apenas un biombo para encubrir los mismos vicios de siempre. La farsa discursiva se choca de frente contra los expedientes de Comodoro Py, y ahí, por más que griten en las redes, los números no mienten.
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