¡Y de repente, entra en nuestras vidas Haaland!
En medio de esta basura estatal, aparece Erling Haaland: un tipo que nos genera una simpatía instintiva. Pudiendo elegir el camino cómodo, el de la cuna, el de jugar para Inglaterra y vivir entre laureles, eligió el camino más difícil: representar a Noruega para que su madre, la señora Braut, vea su apellido en la camiseta en un Mundial.
Ese “pibe” que muchos daban por perdido, ese “George Weah europeo” que la tuvo que remar en una selección que no estaba a su altura, es hoy un pedazo de hombre que le ofrendó al mundo su talento.
La señora Gry Marita Braut tiene todo el derecho a babearse de orgullo: él es un gran tipo por donde se lo mire.
Nosotros los argentinos, que sabemos lo que es “remar en dulce de leche” todos los días, reconocemos la fuerza del remo de Haaland y de su gente.
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