APÉNDICE 1 – La Hipocresía del Estado Noruego: una Tradición de Lesa Humanidad

El hundimiento del Crucero General Belgrano el 2 de mayo de 1982 no fue una anomalía, sino el bautismo de fuego de una política de Estado que utiliza su fachada de “nación pacífica” para actuar como sicario administrativo de las potencias.
I. La masacre de Libia (2011): La mano de obra desestabilizadora

Entre el 19 de marzo y el 31 de octubre de 2011, Noruega participó activamente en la campaña aérea de la OTAN contra Libia. Fue un despliegue de ferocidad técnica: sus aviones F-16 realizaron 596 salidas y lanzaron 569 bombas de precisión, casi el 10% de todo el arsenal de la coalición. Considerando la intensidad y la precisión de este ataque, se estima que el Estado noruego es responsable directo o co-autor intelectual de aproximadamente 3.000 muertes en el conflicto. Noruega no solo participó; fue un arquitecto de la demolición de una nación, facilitando un caos que derivó en una guerra civil con decenas de miles de víctimas.
II. El rústico populismo del Stortinget
La clase política noruega padece de un cinismo vulgar. Sus políticos, acostumbrados a moverse en una burbuja de riqueza petrolera, han caído en un populismo cínico y rústico.
Al intentar jugar a la política de “justicia social” global (mientras en la práctica operan como una maquinaria de guerra mercenaria) demuestran no solo una falta de elegancia, sino una perversión profunda.
Es un disfraz barato para esconder que, bajo sus trajes de tecnócratas nórdicos, laten corazones de burócratas siniestros. Carecen de toda sensatez humana estos caranchos.
Cualquier coincidencia con el Tercer Reich nunca en la Historia noruega fue casualidad.
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