A modo de cierre (por ahora)

Venerar o naturalizar esta dinámica es convalidar la total destrucción del debate democrático.
Cuando la máxima investidura del país se degrada para actuar como el jefe de una fuerza de choque virtual, la “Ley de Lynch” deja de ser una referencia histórica del siglo XVIII para convertirse en la política de comunicación oficial del Estado argentino.
La lección del caso Florencia Peña es clara: para el Agente del NOLSALP, toda figura pública es un blanco útil si sirve para demostrarle a su base que, según su óptica, todavía no se odia lo suficiente.
Ha llegado lejos Milei en sus bárbaras persecuciones de periodistas, tanto que su paralelismo con Charles Lynch parece no ser exagerado ante su siniestro conservadurismo criminal.
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