A modo de cierre (por ahora)

El cambio de vocero confirma lo que era un secreto a voces: Manuel Adorni ha dejado de ser un activo para convertirse en un pasivo político de costo altísimo.
El Mundial, que muchos imaginaron como el escenario perfecto para un verano de impunidad, terminó siendo el telón de fondo de una caída estrepitosa.
Por más que intenten renovar la cara de la comunicación oficial con Ravier, la debacle del AdorniGate es un incendio que ya no se apaga con discursos: la Justicia tiene la última palabra y el archivo, esa herramienta que Adorni tanto amó usar contra otros, ha terminado dictando su propia sentencia política.
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