A modo de Cierre (por ahora)

Para materializar esta paranoia y dar respuesta a sus frustraciones políticas, el oficialismo puso en marcha la “Operación Muro”, un despliegue de saturación que militariza la periferia y transforma a la Capital Federal en el Berlín de 1945 o en una Norcorea represiva a escala comunal.
Las imágenes del operativo nocturno en los puentes del Riachuelo y la General Paz confirman de manera fáctica esta locura: retenes vehiculares asfixiantes, vallados, destellos de balizas en plena madrugada, personal fuertemente equipado e inspectores interrumpiendo el tránsito cotidiano.
El plan ordena el control estricto sobre 27 pasos peatonales y 48 puntos vehiculares, coordinando a 650 nuevos efectivos, drones, helicópteros de control y a la división K9 en 16 nodos estratégicos, todo integrado de manera propagandística con los 814 pórticos lectores de patentes del anillo digital.
Sacar la tropa a la calle para cercar la Ciudad de esta manera es una medida tan extrema que nos recuerda peligrosamente al histórico Plan de Conmoción Interna del Estado (CONINTES), donde las garantías individuales quedan supeditadas a la hipótesis de un territorio enemigo y en estado de sitio virtual.
En definitiva, la Operación Muro es la simulación de un régimen que se atrinchera en sus fronteras porque carece de conducción real y de apoyo político de fondo. Transformar los accesos cotidianos de miles de trabajadores en puestos de control fronterizos dignos de un Checkpoint Charlie criollo no baja el índice delictivo; solo profundiza la grieta geográfica, criminaliza el tránsito de la fuerza laboral que sostiene a la propia Capital Federal y reduce la política de seguridad a un burdo y peligroso show de control territorial absoluto.
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