La asfixia financiera y la feminización de la deuda

El tema fundamental del Documento de este año caló hondo en una raíz estructural que el caso de Agostina expone con dolorosa claridad: el sobreendeudamiento de las mujeres jefas de hogar y la urgencia de políticas de desendeudamiento soberano como una cuestión de vida o muerte.
No se trata de una consigna abstracta de macroeconomía. Estar endeudadas en contextos de alta vulnerabilidad precariza las condiciones de existencia de los hogares monomarentales, empujando a las madres a depender de economías informales, financieras usureras o redes delictivas territoriales para cubrir las necesidades básicas de alimentación, salud y alquiler.
Cuando el Estado se retira y la asfixia financiera avanza, se rompe la autonomía de los hogares. Una madre endeudada y precarizada carece de la estructura material para sostener el cuidado efectivo de sus hijos. Esto genera un vacío que deja a las infancias y adolescentes expuestas en la primera línea de la violencia.
La soberanía económica de los hogares es el primer anillo de protección; sin recursos propios, las mujeres se ven forzadas a convivir con entornos violentos, aceptar vínculos de dependencia peligrosos o quedar a merced de quienes manejan el dinero en los barrios bajo lógicas mafiosas.
El Documento de la marcha fue tajante: el endeudamiento de las mujeres es una forma de violencia machista y económica que disciplina los cuerpos y destruye la capacidad de proteger a las hijas de las garras del femicidio.
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