Eppur si muove: Adorni sobrevivió a Mayo

Vamos a volver a meternos en el AdorniGate de lleno, ya que increíblemente apun sigue en sus cargos y no parece que los mismos corran algún peligro, a pesar de que las causas judiciales y políticas lo apremian por los cuatro costados.
El mapa de la sospecha: La “bitácora de los privilegios” de Adorni —analizada en la causa judicial en curso— revela un patrón de 21 viajes que van desde escapadas a hoteles all-inclusive en el Caribe hasta estadías de lujo mientras se cruzaban sus funciones públicas. El juez Ariel Lijo evalúa una inminente declaración indagatoria antes de la feria judicial de invierno, poniendo el foco no solo en los vuelos, sino en inconsistencias patrimoniales y los contratos con la productora Imhouse en la TV Pública.
El dardo del FMI: En su último informe técnico (Box 9), el organismo internacional cuestionó duramente los mecanismos de control estatal en Argentina. Advirtió sobre retrasos en la publicación de declaraciones juradas y una debilidad preocupante en los controles de conflictos de interés. Este cuestionamiento impacta de lleno en el Jefe de Gabinete, cuya propia declaración jurada ha sido prorrogada por el oficialismo hasta julio, bajo la mirada cómplice de una Oficina Anticorrupción que parece permitirle presentar sus bienes “cuando le venga en gana”.
La inercia del poder: La permanencia de Adorni en la Jefatura de Gabinete es, en esencia, una radiografía de la falta de autocontrol del poder. Ni siquiera las críticas de aliados como Cristian Ritondo, que exigen explicaciones sobre su patrimonio, parecen mover el tablero. Mientras tanto, el gobierno desvía la atención con promesas de inversiones —como las sospechosas inversiones en bioetanol— y el silencio de una clase media que, por el momento, no ha traducido su descontento en una acción contundente que ponga límites a la gestión.
¡Vamos a las imágenes!
Adorni sigue apostando a la desfachatez, desafiando a un país que observa cómo la gestión pública se degrada al ritmo de una ostentación sin límites.
La ley podría ser el freno necesario, pero si el pueblo no da señales claras de hacerse respetar, ningún funcionario público —ni este ni ninguno— sentirá jamás la necesidad de abandonar la impunidad como política de Estado.
Eppur si muove: a pesar de los cuestionamientos, la maquinaria del poder sigue girando, al menos hasta que el costo de sostenerla supere la conveniencia de la complicidad.
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