Milei busca aniquilar a la UBA (y aún no puede)

A modo de cierre (por ahora)

Llegados a este punto, la arquitectura de la demolición queda expuesta en toda su precariedad ética. Lo que hemos descripto en estas páginas no es una crisis financiera fortuita; es un crimen de diseño.

La secuencia se repite con la precisión de una ejecución: el Presidente mastica el entripado de su propia inferioridad académica, Pettovello redacta el certificado de asfixia bajo el disfraz de un falso federalismo, y Les Parakes de la Ultra salen a ladrar una “transparencia” que no practican para encubrir un saqueo que no comprenden.

En definitiva, lo que está en juego trasciende las partidas presupuestarias del 5 de mayo. Lo que se intenta desmantelar es la idea misma de que el conocimiento puede ser libre, público y, sobre todo, autónomo del capricho de un mentecato con poder de firma.

La servidumbre voluntaria de Les Parakes de la Ultra —esos que hoy hacen quedar a Brancatelli como un amateur del pensamiento crítico— solo sirve para alimentar una realidad paralela. En esa ficción, el despojo es “justicia” y el vaciamiento de los hospitales escuela es “eficiencia fiscal”.

Sin embargo, la historia tiene una memoria que el algoritmo no puede borrar. Mientras el Gobierno insiste en su tenacidad de odio, la Universidad de Buenos Aires resiste con la inercia de su prestigio y la urgencia de sus pacientes.

El Presidente puede elegir seguir contaminando fecalmente la política de Estado, pero no puede legislar sobre la dignidad de quienes se niegan a ser los figurantes de su revancha personal.

Cerramos este informe con una certeza: el “superávit” que festeja el oficialismo se sostiene sobre el lucro cesante de la salud y la educación nacional. Es un superávit de muerte y de ignorancia, aplaudido desde la tribuna del cinismo por Les Parakes de la Ultra.

Seguiremos escribiendo y seguiremos pulverizando sus mentiras con datos, porque frente a la ceguera de una gestión que prefiere el bombardeo financiero antes que el aula, nuestra única trinchera es la palabra.

Desmiéntanlo si pueden. Sabemos que no.

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