Milei busca aniquilar a la UBA (y aún no puede)

El Odio Íntimo del Presidente contaminando fecalmente la Política de Estado

Javier Milei odia a la Universidad de Buenos Aires. No es una sospecha, no es un análisis de coyuntura: es una certeza fáctica que el Presidente de la Nación traslada a su gestión de gobierno con la disciplina de un fanático. Ese resentimiento personal, ese entripado que arrastra desde sus años de baja academia, ha terminado por contaminar fecalmente cada decisión de la política de Estado. Cada vez que puede, entra en una guerra ciega contra la institución; una cruzada visceral que no busca eficiencia, sino la aniquilación de lo que no puede dominar.

Como un Don Cangrejo derrotado por sus propios complejos, Milei mastica bronca cada vez que la UBA lo expone. Pero lejos de retroceder, insiste con una tenacidad y una consecuencia que solamente el odio puede alimentar. Ese odio no lo vamos a explicar; aquí aplicamos la doctrina del Centro de Estudios de los Monstruos de Fenomenoide: a los monstruos se los pulveriza, no se los explica. Ya hemos escrito millones de notas sobre esto. Desmiéntanlo si pueden; sabemos que no.

Este odio presidencial se traduce hoy en una gestión que no bombardea las facultades porque, por ahora, no es legal. Sin embargo, la artillería presupuestaria cumple la misma función de demolición. El objetivo es la asfixia. Los movimientos del 5 de mayo, con el Ministerio de Capital Humano actuando como brazo ejecutor, no son más que la puesta en escena de un asedio planificado.

Bajo la firma de Sandra Pettovello, el Gobierno intenta instalar una narrativa de falsa equidad, acusando a la UBA de pretender recursos que le pertenecen al resto de las provincias. Es la técnica del cerco: aislar a la universidad más prestigiosa del país, cortarle los suministros básicos y esperar que el sistema sanitario y educativo colapse por inanición. Todo esto, mientras la infantería digital de los “parakes” —esos satélites de la obsecuencia que hoy superan cualquier récord histórico de servilismo mediático— blindan el saqueo desde el cinismo y la ignorancia más absoluta.

La hoja de ruta está trazada y huele a revancha personal. Milei ha decidido que su gobierno sea el mausoleo de la educación pública. Mientras no pueda usar los explosivos, usará la firma para detener los ascensores, apagar las luces y vaciar los hospitales escuela, dejando que su bilis íntima dicte el destino de miles de pacientes y estudiantes.

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