AdorniGate: el Waterloo de les Chukys de la Ultra

2024 – El Ascenso de un AlKahuete tan limitado como feroz

El 2024 no fue solo el año del ajuste; fue el año en que Manuel Adorni perfeccionó el arte de la provocación institucionalizada. Lo que comenzó como una serie de conferencias “técnicas” derivó rápidamente en el despliegue de un personaje siniestro, un “AlKahuete” de estado que, parapetado en su atril, comenzó a desmantelar derechos con la misma frialdad con la que un carnicero despacha achuras.

Desde el primer trimestre, el Comandante Propóleo mostró sus garras. No le tembló el pulso para anunciar el cierre del INADI, calificándolo de “caja de la política” mientras dejaba desprotegidas a las minorías frente a la discriminación. Su ferocidad se alimentó de la prohibición: prohibió el lenguaje inclusivo con una vaguedad intelectual alarmante, demostrando que para estos Chukys de la Ultra, la libertad es un concepto que solo aplica a sus negocios y nunca a la identidad del otro.

Pero el ascenso de este personaje “limitado pero feroz” alcanzó niveles bizarros cuando intentó borrar de un plumazo la historia popular. Su ninguneo a Maradona en el Día del Zurdo no fue un olvido; fue un ejercicio de macartismo cultural que le salió por la culata. La “V cómica” se le borró cuando tuvo que ir a balbucear explicaciones a la radio, dejando en evidencia que su blindaje es de cartón cuando el pueblo le responde.

La ferocidad del AlKahuete se ensañó especialmente con los más débiles. Mientras justificaba el veto a la movilidad jubilatoria, Adorni acuñó una frase que define su ADN autoritario: “No hay que tenerle miedo a la represión”. Para el Comandante Propóleo, un jubilado reclamando dignidad es un “incumplidor de la ley” que merece ser “contenido” con el profesionalismo de los gases y los palos.

Cerró su primer año triunfal lanzando la nueva SIDE, una burocracia de vigilantes diseñada para mirar “los upites de los ciudadanos” mientras él, junto a personajes reciclados como Sturzenegger, hablaba de meritocracia y “sangre azul”. Un cínico de manual que prohíbe los cargos hereditarios pero convive con el nepotismo más rancio en el corazón de la Rosada.

Así se forjó el 2024 de Adorni: entre la chicana barata, el desprecio por la justicia social y un autoritarismo que intenta disfrazar de “normalidad” lo que no es más que una masacre de derechos.

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