Introducción a la Emisión #31

Hola amigas y amigos:
Sean bienvenides a esta trigésima primera Emisión Regular de El Heraldo Furioso. Desde algún lugar de este vasto universo, llegamos hasta ustedes luego de 34 días desde nuestro último y sideral encuentro el pasado lunes 16 de marzo de 2026.

Estamos asistiendo a un espectáculo de una miseria intelectual y ética que espanta. Por un lado, un gobierno que instala una aduana ideológica en la Casa Rosada bajo la excusa de una “operación rusa” que solo sirve para justificar el bozal de Manuel Adorni.
La degradación escala con la 11ª entrega del Manual del Buen Parapolicial: la era de les Parakes de la Ultra. Una nueva cepa de serviles que, bajo el código NOLSALP (“No Odiamos Lo Suficiente A Los Periodistas”), ya no ocultan su función por vergüenza, sino que reivindican el patrullaje digital con una ferocidad y una ignorancia que da náuseas.
Desnudamos la estafa de la pauta del Kremlin y el cinismo de estos voluntarios del desquicio que consideran al ciudadano un gusano descartable.

Estamos en las fechas donde cada día es 2 de abril y la geografía de la lealtad se dibuja con una claridad que espanta.
Mientras el “eje de la traición” —con Brasil, Uruguay y Chile a la cabeza— sigue aceitando la logística de la ocupación británica, emerge un bloque de acero que no negocia la historia.
Hoy en El Heraldo Furioso, celebramos la Invariable Boliviana: el aliado más orgánico que desde 1833 hasta hoy, bajo la ofensiva de Paz Pereira, le tira piedrazos a la ventana de la cancillería inglesa.
Cruzamos el océano para abrazar al pueblo irlandés en su San Patricio, recordándole a Londres que donde hay un amante de la libertad, hay un enemigo de su piratería.
Malvinas no es una grieta; es el faro moral que separa a los hermanos de sangre de los mercenarios del puerto.

La Historia nos tiene hoy asistiendo a la puesta en escena de un arquetipo que la crónica negra y el cine ya inmortalizaron: el rechazo visceral a someterse a la ley de los mortales.
La jornada judicial de Cristina Fernández de Kirchner en Comodoro Py no fue un trámite: fue el despliegue de una patología del poder donde la imputada intenta invertir la jerarquía.
No estamos ante una ciudadana que comparece ante un tribunal, sino ante una monarca que, desde su propia psiquis, le concede una audiencia a sus súbditos.
Hoy en El Heraldo Furioso, desnudamos la soberbia de una “reina” con celda y sin palacio, que entre suspiros de casta y ninguneos a la burocracia, termina colgándose ella misma el Sambenito de su propia condena.
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