
La República Federativa del Brasil es sierva de la muerte. No hay otra forma de definir a un Estado que, mientras humilla a ciudadanos argentinos, le aceita los cañones a la maquinaria de guerra que ocupa nuestro suelo.
- EL GRILLETE DE LA FRUSTRACIÓN: En este preciso instante, una ciudadana argentina sigue retenida en Río de Janeiro con una tobillera electrónica, tratada como una criminal de máxima peligrosidad. Por una discusión en un bar de Ipanema —donde ni siquiera se investigó si los empleados intentaron abusar de ella o estafarla con la cuenta— la justicia brasileña le aplicó el garrote jurídico sin derecho a fianza. Como no pueden ganar hace años en el fútbol, usan la ley para intentar quebrar al ciudadano que ya no vencen con la pelota. Nos quejamos de les polítiques argentines, pero les brasileñes se las traen.
- 19 DE ENERO: RÍO, ESTACIÓN DE SERVICIO DEL ASESINO: Mientras a la argentina le ponían el grillete, los mandos brasileños se ponían de rodillas ante el invasor. Ayer, 19 de enero de 2026, recaló en Río el HMS Medway. Este buque, igual que el HMS Forth, tiene una única misión en el Atlántico Sur: defender con fuego la usurpación de nuestras islas y, si es necesario, quitarle la vida a compatriotas argentinos. Es una maquinaria diseñada para el asesinato de los nuestros, y Brasil la recibe con honores.
- LA LAMIDA DE PARTES AL IMPERIO: Brasil no solo le da muelle; le da el sustento vital. Cada litro de combustible y cada servicio técnico que Río le entrega al Medway es una colaboración directa con el verdugo. Brasil actúa como el apoyo logístico que mantiene el arma cargada apuntando hacia nosotros. Son los “monos de servicio” del Commonwealth que aseguran que al inglés no le falte nada para seguir ocupando nuestro territorio.
- OTRA TRAICIÓN DE LULA Y OTRA TIBIEZA ARGENTINA: El Gobierno argentino mandó “notitas” de queja que terminaron en el canasto de basura de Brasilia. Lula no respondió ninguna. Prefiere ser el siervo logístico de la Royal Navy que respetar la supuesta hermandad regional. Mientras nuestra diplomacia se queda en la queja de papel, Brasil nos moja la oreja en la cara.
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