EL DISPOSITIVO “HOGUERA DE LAS VANIDADES” Y EL RÉGIMEN DE EXTERMINIO EN RÍO DE JANEIRO

EL FEMINISMO DE SELECTIVIDAD, EL “ACREDO” BRASILEÑO Y EL GRITO DE “MATEN A LA CHETA”

Este apartado constituye la médula del colapso moral que osamos exponer. No estamos ante un fallo judicial aislado, sino ante la radiografía de una traición sistémica. Aquí se analiza cómo el feminismo institucionalizado en Argentina ha decidido, por acción u omisión, entregar a una compatriota para no interferir con los engranajes de la corrección política internacional y el confort de sus propias agendas.

LA VALIDACIÓN DEL ACOSO: EL VARÓN BRASILEÑO COMO SUJETO IMPUNE

El primer gran triunfo del relato oficial es la amputación de la verdad. Para que Agostina Páez sea la “villana”, el sistema necesita que los victimarios sean invisibles.

  • El Hecho Ignorado: Está documentado que la detención no nace de un exabrupto gratuito, sino de una resistencia legítima ante una estafa comercial y, fundamentalmente, ante una patota de hombres (los garçons del bar de Ipanema) que utilizaron la intimidación física y sexual como herramienta de amedrentamiento.
  • La Intimidación Genital: Los gestos obscenos de los empleados —agarrándose los genitales frente a una mujer sola mientras la perseguían por una escalera— son actos de violencia de género explícita según cualquier manual básico de derechos humanos. Sin embargo, para el feminismo de sistema, estos varones son “invisibles”. Al callar sobre este acoso previo, las organizaciones de género están enviando un mensaje aterrador: el acoso sexual es tolerable si el victimario puede alegar una causa política superior para victimizarse después.

EL “ACREDO”: LA COMPATRIOTA COMO MONEDA DE CAMBIO

En la jerga más oscura de nuestra realidad, Agostina fue puesta “al acredo”. Ha sido entregada al crédito por un sistema que prefiere sacrificar carne argentina para saldar deudas de prestigio internacional.

  • La Diplomacia de los Viáticos: Los colectivos feministas argentinos mantienen vínculos estrechos con la retórica del actual gobierno brasileño. Salir en defensa de Páez implicaría cuestionar la aplicación abusiva de la “Ley de Injuria Racial” de Brasil, una herramienta que hoy se usa para encubrir la violencia institucional en las zonas turísticas. Prefieren que una mujer se pudra en una celda de Río antes que arriesgar una invitación a un congreso o romper el “clima de época” progresista de la región.
  • Sororidad con Fronteras: Hemos descubierto que la sororidad tiene visa y código postal. Si la víctima no es funcional al “relato de la víctima ideal”, se le retira la categoría de mujer y se la deja a merced de un Estado policial extranjero que busca trofeos para su vidriera de relaciones públicas.

EL ODIO DE CLASE: “MATEN A LA CHETA” COMO CATARSIS PUNITIVISTA

Aquí el feminismo de cartón se quita la máscara para mostrar su motor real: el resentimiento.

  • La Deshumanización Estética: Por ser abogada, por ser rubia, por tener presencia en redes y por no encajar en la estética del “sufrimiento periférico”, Agostina ha sido despojada de su derecho a la presunción de inocencia. El grito de “Maten a la cheta” que recorre las redes —y que los colectivos avalan con su silencio cómplice— no es un pedido de justicia; es un linchamiento de clase disfrazado de conciencia social.
  • El Placer del Sacrificio: Hay una satisfacción perversa en ver a alguien de “perfil alto” cayendo en el fango. Las organizaciones que denuncian el odio lo alimentan cuando la víctima les resulta antipática. Han reemplazado la ética por la estética de la cancelación.

LA HONESTIDAD INTELECTUAL Y EL DESEO DEL ERROR

Desde Locomoción TV, lanzamos un desafío directo a la cara de la audiencia y de las instituciones: Si algún lector, televidente o integrante de estos colectivos entiende que existieron reacciones feministas genuinas, si hubo un solo comunicado de apoyo ante el acoso previo que sufrió Páez, o si existe alguna gestión real de defensa para con esta ciudadana argentina ante el atropello de la justicia carioca, estamos plenamente abiertos a retractarnos. Publicaremos dicha información con el mismo énfasis y pediremos las disculpas pertinentes. Sin embargo, y con la amargura de quien conoce el paño, no creemos que tal retractación sea posible. Realmente, en el fondo, esperamos estar equivocados. Desearíamos que la vida y la integridad de una compatriota valieran más que un eslogan. Pero el silencio de las últimas horas es un plomo que confirma nuestra tesis: la han dejado sola.

“A Agostina la detuvo la policía de Río, pero la condenó el feminismo de Buenos Aires. En la Hoguera de las Vanidades, el silencio argentino es el combustible más barato.”

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