Las deudas de la violencia: el Ni Una Menos ante el horror del femicidio de Agostina Vega
A once años de aquel primer grito colectivo que sacudió las plazas del país en 2015, el movimiento Ni Una Menos volvió a ser, este 3 de junio, el termómetro de una urgencia que no admite dilaciones. La movilización no fue un ejercicio nostálgico, sino un grito de rabia ante el brutal femicidio de Agostina Vega en Córdoba. Este crimen no es un hecho aislado; es la consecuencia directa de una estructura que desmantela programas de protección, ignora la urgencia de una reforma judicial y ahoga a las mujeres jefas de hogar en un endeudamiento que les arrebata hasta la última posibilidad de autonomía.
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