Con Mengolini no alcanza: Massa importa ParaKos de Brasil

Desde este espacio hemos siempre denunciado a los parapoliciales usados por políticos para acosar y denostar personas que no sean de su facción farsante en redes. Hoy, nos sobran parapoliciales vernáculos de todo grupo y factor. En el caso del peronismo, ni con eso les alcanza: necesitan importar de Brasil a los stalkers estatales y lo hacen a cara descubierta, porque para esta gente el fin siempre justifica los medios.

La reciente reunión de Sergio Massa con el diputado brasileño André Janones (creador del “Ejército de Lula”) y los estrategas de comunicación Rafael Marroquim y Chico Kertész blanquea la búsqueda de la oposición por importar un modelo de combate virtual intensivo. No le alcanzan los Brancatelli ni las Mengolini: va por más. El acoso al otro es la base de la propaganda político-represiva del oficialismo y la oposición, incluidos los renegados que llamaron a votar a Massa y se dicen de izquierda.

La intención explicitada es adaptar a la escala nacional las dinámicas de mensajería masiva y movilización directa en plataformas cerradas (WhatsApp y Telegram) que se utilizaron en el balotaje brasileño para moldear la conversación pública y disputar la narrativa política.

En otras palabras, las invasiones a la vida de los ciudadanos y la vigilancia funcionan tal y como las diseñaron durante la pandemia. La permisividad del pueblo a estas prácticas y su microaplicación y atomización son garantía de que la impunidad de los de arriba está garantizada y que el poder sin freno no se detiene nunca.



Radiografía del modelo parapolicial del “Ejército de Lula”

El dispositivo ideado en Brasil y puesto sobre la mesa en las oficinas del Frente Renovador se basa en tres ejes operativos:

  • Capilaridad descentralizada: El uso de miles de grupos cerrados de mensajería para evadir la fiscalización mediática tradicional y distribuir consignas de forma directa.
  • Militancia multiplicadora: La conversión de simpatizantes en nodos activos dedicados a la viralización de contenidos de alto impacto emocional y respuesta rápida.
  • Ataque y defensa en tiempo real: La coordinación de respuestas en bloque para bloquear discursos opositores, marcar la agenda del día y saturar las redes sociales.

Además de que nos gustaría saber si este cretinaje parapolicial hace esto gratis (lo cual dudamos seriamente), esto no es nuevo: sabemos que estos parapoliciales venden humo y acosan a ciudadanos de a pie desde siempre.



La práctica histórica del uso de patotas en la modernidad digital

Lejos de tratarse de un fenómeno completamente novedoso, la incorporación de estas metodologías representa la digitalización de herramientas que la política local utiliza desde hace décadas. La lógica de presionar, amedrentar y perseguir al que piensa distinto tiene antecedentes claros en la historia política argentina:

  • La mutación de la patota y el aparato: El control del territorio y la violencia de las viejas “patotas” o aparatos punteriles han migrado de la calle a los entornos virtuales. El objetivo sigue siendo el mismo: disciplinar y acallar voces disidentes.
  • De la difamación analógica a la granja de trolls: Las tradicionales campañas de pintadas con protección estatal y policial incluida, volantes anónimos y operaciones en medios tradicionales fueron reemplazadas por ejércitos de cuentas, redes de mensajería y algoritmos destinados al señalamiento sistemático de personas.
  • Transversalidad del método: La utilización de estas estructuras de acoso con financiamiento u organización política es una práctica transversal que han empleado diversos espacios de poder para blindarse de la crítica y desgastar al adversario.



A modo de cierre (por ahora)

La contratación o consulta de asesores extranjeros no busca innovar en valores democráticos, sino industrializar y dar escala tecnológica a un juego de persecución y hostigamiento que en la Argentina ya tiene raíces profundas.

La exhibición a cara descubierta de estos acuerdos refleja cómo, para los sectores articulados en torno al poder de turno o a su retoma, la instrumentalización de la agresión digital sigue siendo un medio plenamente justificado por sus fines electorales.

Lo importante es ganar, porque los votos dan cargos, los cargos dan dinero y el dinero da poder. El peronismo no puede admitir una nueva derrota: sus platos de comida dependen de ello.