Bomberos Voluntarios: un Sirenazo al desprecio del Estado

El Sistema Nacional de Bomberos Voluntarios llevó a cabo este jueves 9 de septiembre un masivo “sirenazo” en todo el país para exigir al Gobierno la transferencia de casi 60.000 millones de pesos correspondientes a fondos de ley que el Gobierno de Javier Milei mantiene retenidos y desoye sistemáticamente. No vaya a ser que el Jason Vorhees que hemos puesto en la Presidencia de la Nación se equivoque y haga algo decente, como dejar de insultar a quienes le marcan lo equivocado, como mínimo, que está.

Las entidades advierten que los fondos adeudados, correspondientes a remanentes de 2025 y períodos previos, representan unos 45 millones de pesos por asociación, un monto vital cuando los costos operativos mensuales superan ampliamente los subsidios anuales fijados por el Estado.

El reclamo de los más de 52.000 agentes distribuidos en un millar de asociaciones civiles tiene su eje en el incumplimiento de la Ley 25.054, que regula el financiamiento del sector a través de un porcentaje (0,3%) recaudado sobre las pólizas de seguros (excepto seguros de vida) gestionado por el Ministerio de Economía.

La pregunta es: ¿Dónde está esa plata que es de todos? ¿No será que los generosos fondos que asigna a la represión de la ciudadanía salen de allí? No hay excusas, sabemos que lo que no le dé a Milei y a sus empleadores capitalistas algún dividendo se esconderá o retendrá con la ridícula excusa de ni aumentar el gasto público y déficit cero. Aunque en este caso, más que en cualquier otro, esa falacia sea inaplicable.

A la demanda presupuestaria se suman reclamos estructurales históricos: compensaciones económicas obligatorias para los cuarteles que atienden siniestros en rutas concesionadas, el reintegro del IVA en la compra de bienes, servicios, combustibles y equipamiento, y la exigencia al Banco Central y al Ministerio de Economía de agilizar los pagos al exterior para la adquisición de unidades de emergencia usadas, indispensables ante los prohibitivos precios del mercado local.

Hablamos de todas cosas que al Presidente de la Nación le llegaron de noche: solidaridad, entrega a sus semejantes e hidalguía. Imaginar que el Presidente va a cumplir la Ley para ayudar a quienes ayudan a otres, es una ilusión. Ya vimos lo que hace con la Universidad y sabemos que cumplir la Ley no es una opción para su guía de odios.



Una historia de siniestros irrespetos estatales

En este país los buenos ejemplos no son tenidos en cuenta por el Estado, es más son despreciados. Si la naciente Argentina se olvidó de la pensión de nuestro Libertador General José de San Martín, si los Veteranos de Guerra padecen las promesas de cuanto Gobierno pasó, no podemos pretender que esa banda de delincuentes, que solamente piensa en llenarse la panza, no desprecie a los Bomberos Voluntarios que son su antítesis.

Todos los gobiernos se sacan fotos con ellos por un segundo, pero a la hora de protegerlos se hacen los que no saben y lo hacen a sabiendas de esa diferencia que marcamos. El pensamiento del político es el de si eligieron brindar su vida a los demás que no sean ellos, no van a ser ellos los que le brinden ninguna ayuda a su noble tarea.

Un Bombero es la negación del egoísmo de los políticos, el peor ejemplo, algo que no debería existir si no es para salir en las fotos de campaña o cuando el Estado ante las tragedias se hace el desentendido. Los políticos odian a los Bomberos por que no son unos lamentadores parásitos como ellos, por que cuando el Estado se borra, quedan siempre los Bomberos.

Ya en 2014, en la Plaza Congreso, cuando como de costumbre en este país gobernaba una parásita millonaria, ya cubríamos la noticia de los Bomberos reclamando algún tipo de ayuda a su noble tarea. ¿El resultado? El mismo de siempre se rieron de ellos, se sacaron fotitos, les agradecieron de boquilla y se despidieron para no escucharlos más, hasta que sus ineptitudes volvieran a hacerlos imprescindibles: cuando la catástrofe acecha el Estado desaparece y quedan solamente los Bomberos.

Durante el Gobierno de Milei, donde el egoísmo servil de les polítiques, desprecia a los que más necesitan, no podemos esperar que siquiera cumplan con la Ley, con lo que se dispone, con lo que deben hacer. El Presidente es autor de nauseabundas mentiras como decir que los derechos de los humildes alguien los paga.

Este Eric Cartman en Jefe se olvida que las fortunas “víctimas” de esos derechos que él no quiere pagar son justamente los parásitos que vivieron de la sangre y la marginación de vastos sectores del país de cada recurso económico. Justamente los que producen son los excluidos, ya que todes sabemos que sin trabajo no hay riqueza.

Son claramente los crápulas a los que nuestro primer mandatario sirve esos mismos que lo único que saben hacer es acumularla y despilfarrarla en sus propias personas los únicos que le importan a Milei y sus secuaces. La moral de un narcotraficante no es muy distinta de la de cualquier capitalista, solamente que está última es oficial y la protege el Estado.



A modo de cierre (por ahora)

Mientras las estadísticas del Registro Único de Bomberos (RUBA) acumulan más de 150.000 servicios en lo que va del año (donde el 60% corresponden a emergencias críticas) el Estado continúa descargando sobre los hombros de voluntarios la responsabilidad de sostener un servicio público esencial sin los recursos mínimos garantizados.

La tensión entre el rigor fiscal del Ejecutivo y la supervivencia operativa de los cuarteles marca un límite crítico donde la vocación de servicio ya no alcanza para cubrir el rojo financiero.

El deseo de Milei y de toda La Libertad Avanza es que los Bomberos (y más los Voluntarios) desaparezcan ya que son un gasto inútil, algo que no le reporta (ni a él ni a sus jefes chupasangres) ningún saldo operativo.

Sabe y conoce la importancia de estas nobles personas, pero también sabe las diferencias entre los Bomberos y la Casta que esta muy bien representada en el Gobierno.

Odia plenamente a todo aquello cuyo objetivo en la vida no sea pisotear al otro y sobre todo a los más humildes. Lo que odia su casta infame es un “gasto” y ,como con la Universidad Pública, ese patético y vil sentimiento de odio atávico no hay Ley que le ponga freno.