Punta Indio: cuando la supervivencia gremial blanquea los sótanos de la dictadura


Aliarse con quienes mataron, torturaron y secuestraron (como cuando esa misma fuerza política cuelga banderas el 24 de marzo en Plaza de Mayo con la cara del represor José Ignacio Rucci) representa una traición directa a la memoria colectiva por dos monedas.
La reciente reestructuración impulsada por el Ministerio de Defensa y la Armada Argentina desató una masiva movilización multisectorial encabezada por la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) y la CTA Autónoma frente al Edificio Libertad, reclamando por el sostenimiento de la Base Aeronaval de Punta Indio (BAPI) con la excusa vil de que sin ella se les cae un pueblo entero que estuvo gobernado desde su creación en 1995 por cuanto populismo se le cruce.
Este escenario deja al descubierto una profunda contradicción política e institucional que atraviesa a la región: sectores ligados al peronismo y al sindicalismo estatal, que históricamente enarbolan falsas banderas de Derechos Humanos, marcharon con carteles exigiendo la continuidad operativa de una unidad castrense que funcionó como Centro Clandestino de Detención durante la Dictadura cívico-militar y cuyas costas sobre el Río de la Plata y la Bahía de Samborombón fueron escenario directo de los trágicos rastros de los vuelos de la muerte.
Fieles a nuestro lema de “Nunca Estado, Jamás Patrulla”, vemos en cualquier alianza táctica con estas estructuras militares pasarse por las partes el compromiso ético innegociable con los 30.000.
Desmentida, “tranquilidad laboral” y plan de modernización

Frente al temor de un cierre definitivo, la Armada Argentina emitió la Gacetilla de Prensa N° 5 (del 8 de septiembre de 2026) para llevar tranquilidad a la comunidad local, ratificando de manera categórica que no está previsto el cierre de la Base Aeronaval Punta Indio (BAPI) ni el despido de su personal civil.
A su vez, el texto oficial detalla que el traslado de aeronaves responde a un plan integral de modernización y reorganización de la Aviación Naval (bajo el plan Dédalos), orientado a optimizar recursos, adecuar la infraestructura y reasignar funciones operativas.
Pese a las garantías oficiales de estabilidad para el empleo civil, el arco gremial y político local mantuvo el estado de alerta ante el temor de una pérdida de peso operativo que vacíe de contenido económico al municipio.
Desde nuestro lugar descreemos de toda bondad del Estado y sus Fuerzas Armadas que nunca abandonaron su reivindicación del terrorismo de Estado.
Tanto es así, que todo recordatorio de la existencia del CCD de Punta Indio es vandalizada sin que se sepa aún que consecuencias generó esa conducta a sus responsables.
Pasan los años y la impunidad de los militares vale las monedas que dejan en el aislamiento y la dependencia de los militares a un pueblo entero.
El “pueblo monoestatal” y la trampa de la supervivencia material

La localidad de Verónica y todo el partido de Punta Indio crecieron y subsisten históricamente atados a la dinámica castrense. No se trata de una defensa ideológica de la doctrina militar, sino de una crisis de supervivencia material profunda:
Aunque el Estado nacional garantice formalmente los puestos de trabajo civiles, la incertidumbre ante el reordenamiento de aeronaves pone en vilo a una economía local entera que depende de esa interacción cotidiana.
Ante la falta histórica de planificación y de una reconversión productiva por parte de la dirigencia política (que desaprovechó el enorme potencial turístico y paisajístico de la costa rioplatense muy cerca de la Capital Federal) el municipio quedó perpetuamente rehén de la estructura militar para no pasar hambre.
La movilización y los cánticos en defensa de la soberanía militar exponen el pragmatismo crudo frente a las convicciones teóricas. Mientras el discurso oficial repudia el pasado represivo de las Fuerzas Armadas, el andamiaje político local no dudó en apelar a los mismos argumentos castrenses y verticalistas para evitar que el pueblo se convierta en una zona fantasma.
Esta convivencia de discursos antagónicos refleja cómo el pragmatismo laboral termina doblando cualquier coherencia ideológica, evidenciando el doble estándar de quienes dicen repudiar el pasado dictatorial pero dependen materialmente de sus cuarteles.
A modo de Cierre (por ahora)

Este episodio revive las críticas históricas sobre la matriz cultural y política del peronismo, que cuestionamos y cuestionaremos siempre, por su arraigada lógica de “conducción” centralizada y su cercanía estructural con los cuarteles.
En Verónica, esa dependencia de la estructura militar (exhibida a flor de piel cuando se prioriza la preservación de la base por sobre cualquier revisión ética de su pasado) demuestra que, a la hora de defender los privilegios y la subsistencia corporativa, las banderas de los derechos humanos quedan guardadas en el cajón, priorizando el cálculo electoral y gremial por encima de cualquier convicción profunda.