Una compra de armamento de lesa humanidad



Introducción al Informe

El 10 de septiembre de 2026, el Departamento de Estado norteamericano aprobó la venta de cuatro helicópteros militares a la Argentina por 140 millones de dólares.

Todo haría pensar que con sus discursos “malvineros” la mira de los fusiles de nuestras Fuerzas Armadas estaría enfocada en los británicos.

Nada más alejado de la realidad: el único blanco en la mira del Gobierno y de los militares es el Pueblo argentino. Por eso, esta compra de armamento deja sentir en las calles el olor a azufre de las intenciones de los de arriba hacia los de abajo.



Un siniestro teatro de burlas al Pueblo

La confirmación oficial llegó a través del embajador norteamericano, Peter Lamelas, quien anunció desde Washington que el Departamento de Estado aprobó la posible venta de material bélico a nuestro país por un total de 140 millones de dólares.

El paquete comprende el envío escalonado de cuatro helicópteros UH-60L Blackhawk reacondicionados (provistos por la firma Sikorsky, de Lockheed Martin), además de dos motores T700-GE-701D, equipos de comunicación avanzados, sistemas IFF de identificación, visores y un completo soporte logístico.

Aquí es donde opera la gran coartada discursiva y donde la retórica oficial intenta encubrir la operación. Tal como lo argumentó públicamente el embajador Peter Lamelas al justificar la transacción, el relato norteamericano insiste en disfrazar la venta bajo la etiqueta marketinera de la “asistencia humanitaria”, la “respuesta ante desastres” y el eslogan de “llegar a tiempo y salvar vidas”.

Sin embargo, esa supuesta vocación solidaria pregonada por Lamelas queda hecha pedazos al contrastarla con el inventario real. La diplomacia de Washington agita la bandera de la ayuda civil para enmascarar una transferencia de plataformas de asalto aéreo.

La letra chica desarma el cuento en segundos: no hay ambulancias aéreas ni equipos de rescate médico, sino motores de alta potencia militar, visores nocturnos, sistemas de identificación de amigo o enemigo y radios de frecuencia táctica propia de la OTAN.

La fachada humanitaria que cacarea Lamelas es solo un eufemismo lavativo para blanquear la inserción de hardware bélico bajo los intereses del Pentágono.

Este movimiento operativo no ocurre en el vacío. Se acopla a la espera del segundo lote de los cuestionados aviones caza F-16 y se da en paralelo a gestos de alineamiento explícito.

La propia administración norteamericana lo admite sin anestesia en sus documentos oficiales: la venta busca respaldar sus objetivos de seguridad nacional y consolidar a la Argentina como un “importante aliado no perteneciente a la OTAN”.

En los hechos, la soberanía se terceriza, el relato solidario de Lamelas choca contra los fierros militares, y las fuerzas quedan atadas a las coordenadas estratégicas del Norte.



A modo de cierre (por ahora)

Nos hablan de salvar vidas y de ayuda humanitaria que es el cuento cínico bajado por el embajador Peter Lamelas en los comunicados oficiales del Departamento de Estado y en los despachos diplomáticos de Washington para enmascarar la venta de pertrechos militares bajo un rótulo de supuesta beneficencia civil.

Detrás de un eufemismo lavado para la tribuna internacional, la realidad es inocultable: cada tornillo que entra bajo este esquema consolida un modelo de dependencia donde las prioridades de nuestras fuerzas se deciden en despachos extranjeros.

No hay solidaridad ni defensa soberana; hay adaptación colonial, subordinación a pulso militar y un andamiaje listo para apuntar los cañones hacia adentro.