Elecciones en el Brasil: los británicos celebrarán cualquier resultado, los argentinos lo sufriremos

Introducción

El horizonte electoral en la República Federativa del Brasil se perfila no como una oportunidad de renovación democrática para el Cono Sur, sino como una encrucijada donde la soberanía regional queda relegada a un segundo plano. Lejos de proponer una reconfiguración de las relaciones exteriores basada en la autonomía, el proceso político actual se encuentra capturado por una inercia de subordinación a los intereses de las potencias de la OTAN.

Esta “normalidad” geopolítica, caracterizada por la aceptación pasiva de la presencia británica en las Islas Malvinas, revela un vacío absoluto de voluntad soberanista tanto en las estructuras progresistas como en las conservadoras. La pasividad ante las amenazas externas se entrelaza con una preocupante indiferencia hacia los derechos humanos de los ciudadanos argentinos en suelo brasileño, configurando un escenario donde la hermandad latinoamericana es sustituida por una administración burocrática de la hostilidad.



La complicidad geopolítica con la ocupación británica en el Atlántico Sur

  • La política de Lula da Silva: Bajo el discurso de la integración regional, el actual gobierno brasileño ha mantenido y profundizado la cooperación logística y de reabastecimiento con las fuerzas armadas británicas. La asistencia a buques de la Royal Navy confirma que el aparato militar e industrial brasileño continúa prestando servicios funcionales a la potencia ocupante de las Islas Malvinas, consolidando un esquema de colaboración con la OTAN que vulnera los acuerdos históricos de desmilitarización y soberanía austral.
  • El alineamiento de Jair Bolsonaro: Por su parte, el sector bolsonarista representa un sometimiento explícito y subordinado al imperialismo norteamericano y a sus aliados occidentales. Su visión geopolítica carece de cualquier atisbo de autonomía nacional, replicando una agenda de alineamiento automático con los intereses británicos y estadounidenses en el hemisferio que descarta de plano cualquier solidaridad con el reclamo soberano argentino.



Silencio absoluto ante la persecución y los abusos hacia los argentinos

Uno de los aspectos más alarmantes del debate público es la total omisión por parte de ambos espacios políticos respecto a la situación de los ciudadanos argentinos en Brasil.

Se multiplican los episodios de hostigamiento institucional y detenciones arbitrarias, junto a la persistente aplicación de causas por supuesta injuria racial, utilizadas de manera desmedida por autoridades locales y cuerpos de seguridad en ciudades como Río de Janeiro. Como hemos demostrado en vastos informes, para los argentinos ir al Brasil a ver fútbol o pasear se transforma en un calvario y en un peligro para la libertad y la vida.

Casualmente desde que la Selección Brasileña no puede ganarle un partido a su similar de la Argentina en el Maracaná se reforzaron las violencias de la PMERJ, por ejemplo. Sí, la misma PMERJ que tiene abatidos de pura coincidencia un 86% de personas como ellos definen “negras o pardas” y un 98% pertenecen a las favelas o áreas pobres. Tal la hipocresía de un poder que trata de enmascarar sus propias políticas racistas, creando un enemigo externo cual Alcalde Diamante con el Acta 24.

Ni el oficialismo ni la oposición han emitido propuestas o garantías diplomáticas orientadas a frenar esta persecución sistemática ni a revisar los abusos judiciales y policiales que sufren los argentinos en el país vecino.



A modo de cierre (por ahora)

Al evaluar los modelos en pugna, resulta evidente que no existe una ruptura con el paradigma de dependencia que Brasil sostiene respecto al poder colonial y el imperialismo financiero y militar global.

  • La inercia diplomática frente al enclave colonial: La continuidad de los protocolos de soporte a los buques británicos en el Atlántico Sur demuestra que el establishment brasileño opera bajo una lógica de servicios a la ocupación en Malvinas. Esta actitud no solo deslegitima los esfuerzos diplomáticos argentinos, sino que consolida al Brasil como un colaborador estratégico de facto para la permanencia de la base militar en el archipiélago.
  • La persecución como política tácita: La ausencia de propuestas para revertir la criminalización de ciudadanos argentinos no es un olvido accidental, sino un componente más de la agenda de sumisión. La utilización de acusaciones de racismo como instrumento de hostigamiento refleja la ausencia de un compromiso serio con la equidad regional, permitiendo que las fuerzas de seguridad actúen con total impunidad.
  • El desafío de una alternativa soberana: En última instancia, ambos candidatos han demostrado que la protección de la integridad de los argentinos y la defensa de la soberanía en el Atlántico Sur no forman parte de sus prioridades. Este vacío de agenda obliga a reflexionar sobre la necesidad de construir una soberanía regional que no dependa de la voluntad de las élites electorales que hoy dominan el panorama político brasileño.