El Kapital y el Estado lo niegan: eppur si muove


Cada día de nuestras vidas oímos que nos niegan las consecuencias de meter mano a la Madre Tierra para sacarle plata, todo lo que sea menestar en negaciones para el sacrosanto fin de conseguir dinero. El subsuelo de Vaca Muerta volvió a moverse, y la estadística no deja margen para las casualidades.
Dos nuevos sismos, confirmados por el Instituto Nacional de Prevención Sísmica, se suman a una lista que ya alcanza los 57 eventos en lo que va de 2026. La aceleración del fracking sigue colisionando con la geología local, y el costo de esta “fiebre de oro” energética podría ser una factura geológica que la provincia todavía no sabe cómo gestionar.
Tampoco es que le interese mucho explicarlo, solamente negarlo, mientras reciben dinero fácil a costa de la vida de la gente que llevará la cicatriz de la ambición de los poderosos por varias generaciones.
Los hechos superan las peores previsiones socioambientales

Los registros indican dos eventos recientes: uno el 6 de agosto (magnitud 2,8 ML) y otro el pasado miércoles 12 (magnitud 2,6 ML), ambos con epicentros a escasos kilómetros de profundidad en áreas operadas por Chevron, específicamente en el sector de El Trapial. El Observatorio de Sismicidad Inducida los vincula directamente a las operaciones de fractura hidráulica, una correlación que se vuelve ineludible tras contabilizar casi sesenta eventos en un solo año.
Este fenómeno no ocurre en el vacío. Se suma a un clima de tensión operativa en la misma área, marcado recientemente por un estallido en la Batería 1 de El Trapial que dejó tres trabajadores heridos. La simultaneidad de fallas estructurales y movimientos sísmicos encendió las alertas sobre las medidas de seguridad y el impacto ambiental de una industria que presiona los límites técnicos de la cuenca neuquina.
El Gobierno nacional y las operadoras apuestan todo al potencial de exportación de gas y petróleo, la recurrencia de estos “pequeños” temblores actúa como un recordatorio constante de que la extracción no convencional conlleva riesgos que no figuran en las proyecciones de rentabilidad.
Es tal la dependencia del Kapital y el Estado sobre el beneficio pecuniario de estas barbaridades que se cometen en contra de la Madre Tierra, que están dispuestos a jugarse la vida de las poblaciones del territorio en pos de la causa. Y si hay que negar o esconder muertes y enfermedades lo harán sin ningún pudor.
A modo de cierre (por ahora)

La acumulación de 57 sismos en menos de ocho meses no es una cifra que pueda esconderse bajo la alfombra de la soberanía energética. Es una señal de advertencia que el poder político y las petroleras parecen decididos a ignorar en favor de su avaricia que es lúnico que no tiene límites.
El problema es que la naturaleza no entiende de plazos electorales ni de metas de exportación. La industria del fracking jamás podrá ser de beneficio para la estabilidad geológica y la seguridad operativa lo único importante es ganar dinero y ya.
Neuquén podría terminar enfrentando daños irreversibles. La pregunta que queda es cuánto tiempo más podrá sostenerse el mito de que en Vaca Muerta todo está bajo control, antes de que el suelo empiece a exigir respuestas que ninguna inversión pueda o quiera compensar.