Ravier nos prepara para otra devaluación



El sincericidio de Ravier con el dólar a $1800

A pocos días de una nueva y decisiva visita de los técnicos del Fondo Monetario Internacional, el oficialismo comenzó a abrir el paraguas de manera desesperada. En este escenario de extrema tensión cambiaria, el vocero Adrián Ravier protagonizó un sincericidio que tiró por la borda todo el relato previo: este 23 de julio, en el streaming oficialista CARAJO, reconoció sin anestesia que el dólar llegue a $1800 es “una posibilidad”.

Para intentar bajarle el costo político al impacto, la estrategia oficial consistió en disfrazar esta inminente devaluación de casi el 20% como una “corrección mínima” que, según sus palabras, no afectaría los bolsillos. Sin embargo, este anticipo deja al desnudo que el esquema económico llegó a un límite terminal, sirviendo el ajuste en bandeja para calmar las exigencias de los sabuesos del FMI.



El antecedente: la mentira de la “flotación”

Esta admisión actual expone la falsedad estructural del régimen de bandas cambiarias que Ravier y el oficialismo defendieron desde el principio bajo el dogma de la “libertad de mercado”.

Mientras los trabajadores sufrían la licuación de sus ingresos, la respuesta desde la cúspide del poder había sido la soberbia y la burla. En un recordado número de streaming a mediados de 2025, el propio presidente Javier Milei, Luis Caputo y Santiago Bausili montaron un show desaforado gritando a coro frente a las cámaras: “¡El dólar flota!”, transformando la angustia social por el costo de vida en un meme oficialista para blindar el relato de la supuesta “mano invisible” y tildar de ignorantes a quienes advertían la devaluación.



Del show de los gritos al colapso del relato

Lo que nos vendieron como una flotación pura fue, en los hechos, una devaluación encubierta y dosificada. Al permitir que el techo y el piso se desplazasen mes a mes, el Banco Central devaluó el peso de forma sistemática para evitar el costo político de un salto de golpe, alimentando una inercia inflacionaria constante que machacó el poder adquisitivo.

Hoy, con un esquema recesivo que agotó las divisas genuinas y con una nueva flexibilización del blanqueo de capitales lanzada para intentar rascar los dólares del colchón, aquellas risas quedaron atrás. El sincericidio de Ravier confirma que la supuesta “flotación libre” era un ancla mentirosa que acumuló un atraso monumental, dejando al descubierto que la devaluación que “no iba a existir” ya no hay relato capaz de ocultarla.