El día que la Fe y la Inteligencia superaron a la soberbia y a la subestimación

La inentendible fuerza que llevó a una nueva derrota a la Occidentalidad

Para el espectador occidental, el fútbol de élite se mide bajo la lupa de la preparación física, la pizarra táctica, la frialdad analítica y en muchos casos de una psicología atea.
Cuando vemos a la Selección de Marruecos realizar su oración colectiva antes o durante una definición por penales, la mente occidental tiende a simplificar el acto: lo cataloga como una “pose cultural”, una superstición folclórica o, peor aún, un manotazo de ahogado de futbolistas que están “ateridos de miedo” y buscan un milagro.
Sin embargo, detrás de esa mirada hacia La Meca hay una realidad psicológica y competitiva completamente distinta.

Esa incomprensión comienza a disiparse al observar al propio cuerpo técnico. El actual entrenador, Mohamed Ouahbi, nacido, criado y formado profesionalmente en Bélgica, no encaja en el estereotipo visual del marroquí promedio para el ojo extranjero. Sin embargo, al momento de la oración, las diferencias estéticas desaparecen.
La fe islámica actúa como el ecualizador absoluto dentro del vestuario. Une a futbolistas nacidos en realidades europeas muy diversas bajo una misma identidad cultural y espiritual, convirtiendo a un grupo de atletas dispersos en una hermandad unificada.
Hemos visto a tiranos instruir a sus selecciones en rituales horribles, pero en este caso no creemos que sea una señal de Gobierno, por el contrario es una señal de Pueblo, de Cultura y para nada inducida, al menos lo parece, desde el Estado.
Las masas tratan de mantener a los Estados lejos del fútbol y seguramente esto es así acá y en Marrakech.
Mientras otros equipos consumen su energía en la desesperación, Marruecos se aferra a la oración colectiva para bajar las pulsaciones, vaciar la mente de presiones mediáticas y recuperar la templanza. No rezan para que la pelota entre mágicamente; rezan para encontrar la paz mental necesaria para competir al más alto nivel.

La máxima expresión de este motor inentendible ocurre en la ejecución del último penal. El caminante parece rezar con desesperación, pero su lenguaje corporal tras la carrera revela algo opuesto: una convicción absoluta. En la teología islámica, este estado se conoce como Tawakkul (la entrega absoluta al destino).
El futbolista no está suplicando ganar; está aceptando que el resultado ya está escrito y que su único deber es ejecutar con el alma. Es un acto de “agradecimiento de antemano”.
Por eso, la vibrante definición de Ismael Saibari ante los Países Bajos no terminó con un festejo de soberbia o revancha, sino con el plantel postrado en el césped, devolviendo el éxito como una bendición recibida y no como un logro puramente ególatra.
La eurocentrista frustración del individuo occidental ante sus mitos negados

Para entender el motor de Marruecos, sirve contrastarlo con la lucidez de los “ultracompetitivos” futbolistas llamados a si mismos occidentales. En la histórica eliminación de Alemania ante Paraguay, vimos a un Joshua Kimmich con un pánico evidente, que lo tenía en shock y que lo mostraba como fuera del partido.
Incrédulos los jugadores alemanes, estaban imaginando que la derrota era inevitable, sus verdades máximas habían quedado tan aniquiladas que volvían a ser la misma caricatura cuya grandeza nadie puede percibir hoy. Ya son 16 años fracasando y suponiendo como 80 años atrás que el mundo está equivocado. Lo ocurrido en el Mundial este 29 de junio fue en parte debido a esa soberbia incurable y que parece que es una fuerza letal para sus aspiraciones de que alguien les crea que cuatro veces alzaron la Copa.

El gol que eliminó a Alemania comenzó con una finta de Miguel Almirón, un amague con el cuerpo que hizo correr a todo el planeta hacia el lado equivocado, engañando a los reyes de las tácticas letales en su propia ley. Se les bajaron los humos a la mala.

Los teutones tuvieron que aprender a la fuerza que Paraguay existía, dónde quedaba geográficamente y, sobre todo, quién iba a acabar con sus penurias en esta Copa del Mundo.

La picardía de potrero desmanteló en una fracción de segundo los softwares de Big Data europeos.

La cruda frustración del tipo que se dice “inteligente” y que no respetaba al rival humilde es lo que se veía en las caras de los jugadores. Alemania se sabe atrapada por un descuido de medio segundo ante la inteligencia de unos muchachitos de Paraguay. Todas las estupideces que ninguneaban al adversario tuvieron que tragárselas una a una.

Serán cuatro años de lamento por culpa de su soberbia. Se creyeron geniales y subestimaron el peligro, fracasando estrepitosamente, de manera humillante como dijo Sport Bild inmediatamente después del partido.
Así, la repugnante prensa nostálgica del pangermanismo y del Fuhrer salieron como el impresentable Kimmich a decir que fueron derrotados por seres inferiores, de otro nivel. Pues bien, los paraguayos los vencieron, en este momento ese nivel que supuestamente tienen no se vio y si existe se lo pueden poner en donde no les dé el sol. Por que Paraguay sigue y la genial Alemania volvió a masticar su propia mentira y le va a caer pesada, muy pesada.

Fueron derrotados por que al menos no tuvieron ni la moral ni la habilidad suficiente para lograr vencer a los paraguayos, es resto es mentira para producirse satisfacción a si mismos. Sus fanáticos estuvieron más a la altura que sus ídolos
A modo de cierre (por ahora)

¿Qué tiene que ver la finta guaraní con el rezo marroquí de cara a La Meca?
Por ahora, en lo estrictamente estadístico, solamente que ambos equipos lograron eliminar a dos europeos poderosos.
En lo profundo, demuestra que lo hicieron aferrándose a algo que para los laboratorios de Europa es inexplicable, invisible y que no se puede comprar en ningún mercado: se llama fútbol.
No quería dejar pasar esta nota sin felicitar a nuestros hermanos paraguayos por esta victoria, que si algún infeliz le baja el precio es por que le arden las partes y mucho.