El canibalismo de los represores del Estado y sus ParaKes ante la evidente cacería en Congreso



Lo ocurrido tras la cacería de prensa frente al Congreso dejó al descubierto una fractura que el poder no puede ocultar: el momento exacto en que quedan en falsa escuadra.

Cuando la sangre en la pantalla se vuelve un costo político difícil de digerir, el sistema empieza a devorarse a sí mismo.

Y nuevamente los parapoliciales de INDIGNADO salen a bancar los trapos de la indecencia de sus jefes.

El liberalismo proclamado es otra de las falsedades que los fascistas que nos gobiernan y que la Historia indica que como Mariano Moreno decía será nuestro destino mudar de tiranos sin destruir la tiranía.



Patricia Bullrich entrega a sus tropas

Patricia Bullrich, fiel a su estilo de “ir por todo” hasta que el agua le llega al cuello, ejecutó una maniobra de manual: entregó a su tropa. Después de asegurar que la Policía había actuado bajo derecho, el peso de las imágenes —esa evidencia que ella misma fingió no ver al principio— la obligó a retroceder.

Al anunciar que el jefe de la Policía Federal le inició un sumario a uno de los atacantes, la Senadora no está impartiendo justicia, está soltando lastre.

El mensaje para los efectivos es letal: “Hagan el trabajo sucio, pero si los filman, están solos”.

La misma que arenga la verticalidad del palo es la que hoy señala con el dedo a un subordinado para salvar su propia imagen.



La conveniente desobediencia de la Federal

Por su parte, la PFA vuelve a demostrar que es una institución que solo obedece cuando le conviene. En un comunicado que roza el cinismo, intentaron disfrazar una agresión brutal de “forcejeo” y “resistencia”, negando la existencia del sumario por conducta reprochable que anunció Bullrich y ratificando su propia impunidad:

Mientras el poder político intenta despegarse, la cúpula policial se repliega sobre su propia impunidad, desobedeciendo la realidad misma de los hechos filmados.

Esta desobediencia no es falta de instrucción, es estrategia. La Federal sabe que, al final del día, los gobiernos pasan y la estructura represiva queda.

Al negarse a reconocer la orden criminal y reducir todo a un “exceso individual” que termina en sumario, garantizan que el sistema quede intacto.

Lo de la Federal, manceba siniestra de los militares que arrugaron en Malvinas y picaneaban embarazadas, es siempre servir al poder, como cuando Pirker negó los hechos de MODART y se pasó por las partes al Congreso de la Nación.

Creemos que la misma existencia de esta fuerza ultranazi es anacrónico con algo que siquiera simular que es una democracia moderna.



El Dispositivo Parapolicial Mileísta: la construcción de la “Opereta”

El ecosistema de control no se agota en el bastonazo ni en el sumario administrativo; se completa con la persecución mediática y la estigmatización de la víctima.

El sitio parapolicial INDIGNADO funcionó como la terminal de propaganda necesaria para transformar una agresión física documentada en una supuesta “maniobra de prensa”.

  • Inversión de la carga de la prueba: A través de recortes sesgados, el sitio intentó instalar que el camarógrafo “se tiró” sobre la policía, buscando invalidar la violencia del empujón que lo dejó en el asfalto.
  • El rol de los “propios”: La utilización de figuras como Pablo Rossi en la pantalla de A24 fue la pieza clave para la validación del discurso represivo. Al mencionar supuestos “episodios del pasado” y un “historial de violencia” del trabajador agredido, Rossi le dio el insumo necesario al dispositivo parapolicial para desviar el eje: ya no se discute la violencia policial, sino la moralidad de la víctima.
  • La naturalización del riesgo: El testimonio de los trabajadores de prensa agredidos expone la gravedad del cuadro: la aceptación, tanto por parte del Gobierno como de un sector de la sociedad, de que salir a cubrir una protesta social implica un riesgo de vida similar al de una zona de guerra.



El resultado del cinismo

El saldo de esta jornada es un poder político que muerde la mano de quien ejecuta sus órdenes y una fuerza policial que miente para proteger su propia supervivencia institucional.

Quedaron expuestos: ni hay respaldo real para la tropa, ni hay ninguna obediencia a la ley.

Solo hay una pelea de cúpulas para ver quién paga el costo de la sangre de Tedechini.

Después esta misma gente nos dice que estamos con los delincuentes y sabemos que mienten ya que jamás estaremos con ellos.

¡NUNCA ESTADO, JAMÁS PATRULLA!

¡QUE SE VAYAN TODOS, QUE NO QUEDE NI UNO SOLO!