La “Palabra Oriental” y su olor a podrido en la Causa Malvinas

Introducción al Informe

La República Argentina tiene la trágica costumbre de aferrarse a los gestos diplomáticos de sus vecinos y hermanos de la región, un hábito que sistemáticamente resulta en la confirmación de la burla de éstos.
Tal el caso de la hermana República Oriental del Uruguay, cuyo Presidente Yamandú Orsi se mandó un numerito de amor por la Causa Malvinas que sabíamos que no era más que una nueva tomadura de pelo de Montevideo a todo el Pueblo Argentino.
Hace unos días nuevamente un barco británico (el FPV Lilibet) recaló en Montevideo y parece que un comercio uruguayo le vendió unos championes y eso reactivó la economía uruguaya que no se mete en las guerritas de su vecino. La Cancillería Uruguaya no niega al Presidente, indica que la posta es que servirán al Reino Unido aunque sea por el Pancho y la Coca.
Montevideo tiene una larga Historia de sumisión a Londres cuando se trata de nuestras Islas Malvinas, no hace más que ratificar la previsibilidad de la traición funcional.
Su rol es fundamental para la construcción del Corredor Bioceánico de la Muerte en el que colaboran España, Colombia, Brasil, Chile y, por supuesto el Uruguay.
La palabra de la República Oriental del Uruguay no vale nada, ya que los hechos muestran que la traición y el negocio de la muerte de argentinas y argentinos, es algo que hace muy bien y que le gusta hacer.
La Nausea en la CELAC y la palabra vana de Orsi

Cuando el Presidente uruguayo, Yamandú Orsi, utilizó su discurso en la CELAC (abril 2025) para “reafirmar el derecho de la Argentina sobre las Islas Malvinas”, las cancillerías de Buenos Aires no debieron experimentar emoción alguna.
Ya en ese momento no nos emocionaban sus palabras, pues se olía que, tras el protocolo formal, Uruguay ratificaría su atávico odio hacia la Argentina y su histórica necesidad de autoafirmarse como nación a través de la ofensa al vecino, abrazando a los enemigos de la región. La declaración de soberanía no era más que una pieza de utilería política, la pose hipócrita que se exige en los foros internacionales.
El Millonésimo Incidente: cinismo operativo y el “Corredor Bioceánico de la Muerte”

Como era de esperar, la palabra de solidaridad entre vecinos se desvaneció apenas los barcos británicos necesitaron combustible y reparaciones. El incidente del FPV Lilibet, patrullero fletado por el Gobierno Ocupante de las Islas Malvinas, realizó una “escala técnica” en Piriápolis, es solo el millonésimo recordatorio de la posición uruguaya de servilismo al Imperio Británicos, por monedas, por nada o simplemente por odio.
Las excusas ofrecidas por la República Oriental del Uruguay no son más que palabras bonitas que se transforman en cinismo cuando se presenta la ocasión.
Al facilitar la logística de un buque que opera para sostener la ocupación ilegal, consolida a Uruguay como un nodo vital del “Corredor Bioceánico de la Muerte”.
Este corredor, que suma la complicidad de Brasil y la traición histórica de Chile, permite al Reino Unido mantener su hegemonía en el Atlántico Sur y el armamento que apunta a la Argentina. Muchas veces el odio a la Argentina es el pago que reciben estos países al prostituirse y traicionar por treinta monedas de plata o menos.
Cuando las acciones no se condicen con la palabra es Uruguay

La evidencia es irrefutable: la posición oficial uruguaya y las declaraciones de sus líderes valen lo mismo que el servicio que ofrecen a los británicos. No puede explicar las razones de lo que hace apoyando decididamente la ocupación británica de las Islas Malvinas.
La colaboración de Uruguay no es una casualidad: es una voluntad estratégica. Al igual que Brasil y Chile, Uruguay tiene planes hasta suicidas de maridaje con la Gran Bretaña que ignoran la seguridad regional a cambio de migajas comerciales y afirmación identitaria contra Argentina.
Salvo una evidencia de odio hacia sus argentinos no se ven en estos vecinos más que rasgos de un odio psicopático que algún día nos explicaremos en profundidad. Aunque bien no sabemos si vale la pena, ya que el odio es irracional y racionalizarlo podría intentar sublimar lo que no tiene excusas.
La palabra del Uruguay, en el litigio de Malvinas y en la defensa de los intereses regionales, lamentablemente vale menos que aguas de cloacas. Su único objetivo es mostrar los dientes al hermano continental para defender y dar apoyo irrestricto al ladrón. Es la máxima expresión de un pusilánime y perverso rol de la República Oriental del Uruguay en la geopolítica del Cono Sur.