La penúltima Farsa de Patriotas



Hacia mediados de septiembre y en base a una estrategia o táctica que desconocemos, tras días de fustigar a todos los que no fueran de su facción, culpándolos de querer matarla, La Vicepresidenta de la Nación de repente se levantó con voluntad de diálogo. Así lo hicieron saber los alKahuetes seriales a todo quién quisiera prestarle oído.

Se dice que la propuesta surgió de una cena en la que coincidieron correveidile de ambos lados de la grieta y que eso le dio la idea a Cristina de con poco podía obtener algún rédito de ello. No lo sabemos, pero el show ya se montaba a la espera de que Macri se avenga.

El que terminó de confirmar que el rumor no era tal, fue Oscar Parrilli, que en declaraciones a Radio Provincia aseguró que no descarta que Cristina y Macri se reúnan.



A Macri que suponíamos que nadie lo invitaba ni a un Bar Mitzva esta vez se hallaba por Pergamino en gira proselitista, para que se hable de él. Cristina, a través de sus alKahuetes, lo ponía al alcance de los micrófonos. De entrada no se vió sorprendido y tenía la respuesta adecuada al tema, que en el estilo de Macri es decir no sin decir nada. No tiene ningún interés en hablar con Cristina y no ve en hablar con ella ningún negocio que le convenza. Salió con un muy sin jugo “Me reuniría sólo con la Constitución en la mesa”. Una nueva genialidad en una práctica que Macri no deja de usar cuando no sabe que responder responde así. Convengamos que con sus básicos elementos, el ex Presidente de la Nación, zafó de la cuestión y la planchó. Le conviene más que la prensa, los políticos y paraKos de redes sociales le peguen por ese lado, el que poco le importa tanto a él como a su parentela política.



Con el advenimiento de la Primavera se esperaba que Macri calentara la cuestión y no fue eso lo que hizo. Simplemente, no habló más de la cuestión y desde fuentes senatoriales expresaban que “No hay nada en agenda. El espíritu de diálogo siempre está, pero por ahora no hay nada”. No generó nada en la gente ni la idea, jamás expresada de labios de la propia Cristina, ni la respuesta fría y distante de Macri. Había que generar un “Plan B” con ello y era salir a caerle a Macri por no tener voluntad de diálogo, con la vuelta a los epítetos de siempre. Pero Macri no pudo con su genio y la tenía que seguir.



Como quien no puede evitar comer vidrio y siempre le encuentra la forma de ponerle sal, Macri respondió a la pregunta sobre el tema (nada causal, por cierto) de Eduardo Feinmann sobre la cuestión dejando en claro que no tiene ningún interés en establecer ningún diálogo con Cristina, algo que aún no sabemos si Cristina habilitó. Les dejaba ese flanco de criticarle algo ahora que el Gobierno de sus rivales es algo más que un evidente descalabro. Se terminó así otra farsa sin pena ni gloria.

Durante unos días la paraestatalada se dedicaría a espetarle la falta de voluntad de diálogo a Macri, cuando aún no sabemos si Cristina confirmó o no esa misma voluntad. Una semana de divismo y de querer mostrar responsabilidad, para volver pronto a la guarrada y el chiquero que son sus ambientes naturales, con los que llenan sus vacías políticas, contaminadas a morir de cortoplacismo.