Berni: el ídolo necesario de los que llama cachivaches

Características de los genios violentos con los que el kirchnerismo se siente seguro:
Hablar de un Ministro de Seguridad kirchnerista o peronista, en general no es muy difícil. Basta darle a un fanático, que sea o parezca muy sumiso a sus jefes y con aspiraciones de ser un “genio”, de esos que le gustan a la Vicepresidenta de la Nación: ¿Cómo era eso?
No sé si tanto como hacer desaparecer a los opositores, como dice la magna jefa de estos mentecatos, pero ya defender todos los abusos, el gatillo fácil y las prácticas violentas de las fuerzas de seguridad, y andar reprmiendo hambrientos, sin techo, y docentes, es lo mínimo exigible, además de ser un experto en proferir amenazas e insultos ante cualquier cosa que pueda ser una crítica, por mínima que sea. Ellos necesitan tener sus Sacerdotes de la Seguridad, sus Genios de la Represión y cuando las cosas no salen como Doña Cristina Elisabet Fernández se le antoja, a más violento y audaz en la perversidad sea el funcionario, mucho mejor. Si se muestra como un cowboy (al estilo Granados) o en el frente como hace Berni en sus ridículos spots, muchísimo mejor. Cuanto más extremadamente alkahuete sea, más cerca estará su persona de ser un “genio”.
Un modelo de comunicación del estereotipo (ya que más de ahí las seseras cortas de esta gente colapsan) es el que veremos a continuación con el autobombo de la bestia chubutense, el Ministro de Seguridad provincial, Federico Massoni. Uno de los que pronto podría ser uno de los nuevos “genios” kirchneristas, a pesar de venir del dasnevismo. Uno de los tipos que más batraciofagia produce al paladar kirchnerista dando clases de peronismo básico.
Este señor, que junto con Berni, parece compartir el ánimo barrabrava que todo hombre que se precie debe tener en el cristinismo, también tuvo problemas de con la ex-Ministra de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic, lo que nunca generó ningún tipo de inconveniente, ni empatía, ni un gesto de sororidad de ningún colectivo feminista que lleve el apellido del marido de la jefa en su nombre. Un dato más de este auténtico y chocante ejemplo de violento kirchnerista, lo que ellos llaman alguien “leal”. Esta gente tiene muchos problemas filosóficos y Forster no los está ayudando mucho.
Esas clases de conductas las comparte en flamante Ministro de Seguridad de la Nación, Aníbal Fernández, su par bonaerense, Sergio Berni el par chubitense, Federico Massoni. Toda gente que lo único que tiene que envidiarle a Jair Bolsonaro, es que ese milico fascista y violento sí llegó a la Presidencia de su país. Aunque solamente eso.

Estos personajes del firmamento kirchneristas, generan pasiones encontradas en las nuevas adquisiciones de esa facción, que sabemos disfruta en privado las quijotadas de estos brutales funcionarios y que en público no se refieren a esta gente o niegan los hechos, todo sea por no sentirse como lo que son, unos idiotas que terminaron enlodados por una moneda o menos en un proyecto oligárquico que parece necesitar de estos seres repugnantes para desarrollarse. Son muches que alguna vez lucharon por la Pacha, junto a los Pueblos Originarios, por los Derechos Humanos y hasta por el Socialismo y que como decimos ultimamente, ya no pueden ni deben tener Síndrome de Estocolmo. A lo sumo pueden temer perder sus ingresos por miserables que sean. Parece que con eso nomás a esta gente le seduce más fustigar o negar a quienes fueron sus compañeros de lucha y seguir sosteniendo a estos personajes y negar la responsabilidad del Estado en las desapariciones y asesinatos de tropa estatal durante la cuarentena dura. Una repugnante conducta propia de la supervivencia y la necesidad de supresión de su propia Historia y de quienes compartieron su pasado de lucha contra el cretinaje estatal al que hoy sirven estas criaturas renegadas de la vida.
Una Historia de vasallos violentos y decididos a todo:
Todo comienza siempre de la misma manera en la estructura burocrático autoritaria de un kirchnerismo, que cuánto más fracasa, más se emperra en decir que no, que están en el rumbo correcto y que sus jefes millonarios son víctimas del sistema, ese mismo que le llena los bolsillos a sus patrones y le mata el hambre al siervo que se inmola por la supervivencia. Desde ese ambiente surgen cada tanto los sacerdotes de la violencia que pasan a ser deidades. Imposible es sostener el enriqucimiento sideral de la casta política mientras las grandes mayorías pasan hambre. Pero no piensan hacerlo sin violencia hacia el otro, el que deben suprimir. Cuando necesitan dar palos, abren sus alcancías (con dinero de todes) y les dan buenas sumas a estos auténticos pashás para que tengan a su disposición una casta infame de informantes parapoliciales y el apoyo comunicacional de perros de presa que hace mucho tiempo dimos en llamar Komunikagadores.
Es parte de la naturaleza del Peronismo, desde tiempos en que el Coronel autoascendido a General, con una palabra mal oída por sus alkahuetes, cual en la película Brazil, podía juzgar y condenar a quién sea al ostracismo o la muerte. Cuenta la leyenda que el boxeador Alfredo Prada visitó preocupado a Perón en la Casa de Gobierno. La inquietud del púgil era que había llegado a sus oídos que el General lo tenía entre ojos, más precisamente le habían dicho que Prada lo tenía podrido. Se dice que Perón se vió sorprendido ante lo que le contaba Prada. Pensó unos segundos y miro hacia los manzanillos ignaros que tenía a su alrededor y le dijo: “Pravda, brutos, me tiene podrido Pravda”.
En la Argentina de hoy hasta el Memorial por los muertos de Covid-19 es sentido por los que mandan como un insulto. La más mínima crítica o cola de paja mueve a parapoliciales al mejor estilo Triple A a hacer tronar el escarmiento. Siempre el fin, que para estos parásitos nauseabundos del Estado es que sus jefes oligárquicos controlen todos los resortes del poder, justifica todos los medios que crean necesarios sus limitados criterios. Nadie en el Peronismo y menos el 17 de octubre hace nada sin sentirse habilitado por mandato superior de sus jefes, mucho menos a pasos de la Casa de Gobierno y con funcionarios presentes en el lugar. Nadie hace tal acto de barbarie sin habilitación suprema y garantía de impunidad, no tan abiertamiente.
Es lo que piensan lo que nos mandan, les molesta hablar de los muertos, mientras estaban de fiesta en Olivos. Les molesta a tal punto que pierden el control de sus actos y recurren a justificar impulsos. Y vuelven a mentir y vuelven a decir que ellos respetan, cuando los hechos los desmienten. Hasta sus subsidiados medios de propaganda como Página/12 niegan o ignoran deliberadamente lo ocurrido. Por más que quieran ocultarlo su verticalismo militar y violencia sectaria afloran en cada una de sus acciones.

Como tan ridícula manía requiere de personas de IQ pequeño y violencia grande, a veces se hace muy difícil que una idea les llegue a la cabeza, si no es repetitiva y fundada solamente en la máxima de todo accionar peronista. La que el mismísimo General les enseñara en los años setenta. Dígalo usted, General.
Los votos son de ellos, ellos son el Pueblo, sus millonarios son pobres perseguidos por el poder y los pobres diablos de a pie somos el odio, el golpismo, somos todo lo que ellos aborrecen de ellos mismos y que proyectan en los que piensan distinto, aunque sea un poco. No se admite nada más que subordinación y valor. Pensar es subversivo para esta gente desde siempre.
Este es el marco en el que surgen personajes siniestros como Berni, Massoni y Aníbal Fernández que son endiosados y llevados al panteón de sus héroes, lo que para cualquier persona pensante no serían más que unos vasallos extremos de una oligarquía de coroneles bastante toscos y embrutecidos.
Al represor de Estado hay que pensar mucho antes de echarlo:
Volviendo a Berni y al sentido real de esta nota, no hace falta que aclaremos que sobre el personaje tenemos posición tomada desde hace muchísimos años. Desde que volvió a tener un cargo, vimos que su modelo es el de Bolsonaro argento, sostenido peligrosamente por gente que antes lo repudiaba y, a partir de quedar su ética y su pasado de lucha empantanados en el proyecto oligárquico del Frente de Todos. Desde el resurgimiento de este caudillo esa gente, que otrora era víctima de las prácticas represivas de Berni, se empezó a sentir cómoda durante la cuarentena dura en su nuevo rol de informantes y parapoliciales, cuánto más comprometida en otra etapa de su vida esa gente estuvo comprometida con la lucha más sintieron la necesidad de actuar cual Caín en este nuevo tiempo político. De ese criminal caldo de cultivo de traiciones y delaciones que son los renegados, se va fermentando la simiente de siniestros al servicio de la causa.
En cuanto a los alkahuetes estatales de siempre, si la corrupción es “del palo”, lo “leal” es devorarse los mocos o aplaudir, lo que en alguien que no es “del palo” sería despreciable, tachable y censurable. A continuación les brindamos una parte de una novela colombiana en la que un líder explica a un honesto militante cómo es esto de andar tolerando corruptos y demás por el hecho el hecho de pertenecer a la facción propia. Son solamente 24 segundos que explican una filosofía de lo que es la corrupción y la lealtad en el sentido kirchnerista del término.
Especialmente, Berni era uno de los funcionarios más reivindicados por el kirchnerismo y sus secuaces. Decimos “era” porque tememos que eso vaya cambiando con el correr de los días, teniendo en cuenta la volatilidad de las cuestiones de amor y odio en las filas de los alkahuetes estatales. Es el tipo que siempre toma el rol de tener el poder del uso de la violencia a su antojo. Hoy parece sufrir de esa afección “beatle” de creerse más que Jesús o Jesusa, que sería lo más adecuado en el Frente de Todos. No podemos predecir el futuro, pero de confirmarse lo que se rumora, que cogoteó al niño de mami, el panorama podría complicársele seriamente. Podría pronto pasar al ostrracismo de los genios brutos y violentos como le pasó a Guillermo Moreno. Cristina tiene su colección de personajes, como antes la tuvo Néstor de espías y vigilaantes de Estado, ella los prefiere payasos sádicos que sirvan de fusible si le ponen mucho esmero al trabajo represivo que la vicepresidenta no se atreve a hacer y ordenar por ella misma y del que necesita siempre. Creemos que por eso, a pesar de llamar a la alianza gobernante con el epíteto de “cachivaches”, aún no cayo en desgracia. Berni les sirve y su violencia suma a la “firmeza de mano” que el proyecto de país kirchnerista aprecia y necesita.

En el Gobierno necesitaron un desaforado tal que durante la cuarentena dura pudiera encubrir y proteger el accionar de las bandas policiales en toda la Provincia. Su punto de climax alkahuete fue cuando en ocasión de la desaparición y asesinato de Facundo Astudillo Castro, por parte de tropa bajo su mando, dejó en claro que es capaz de hacer lo que nadie con un poquito de vergüenza haría. Reclutó informantes seriales para minar los medios con la idea de que Facundo se ahogó solito y, para ello, requirió los servicios de prensa una prensa parapolicial encabezada por Germán Sasso, Fero Soriano, Paulo Kablan y Pablo Duggan.
Desde el comienzo de la pandemia los renegados lo defendieron, con él se sintieron muy cómodos iniciando el camino de la delación y la entrega de ciudadanos que no se identificaban con el Gobierno o lo parecían para ellos. Pedían razzias en barrios populares por razones de “salud pública”. Bancaron sitios, toques de queda, cyberpatrullaje, gatillo fácil y vejámenes de todo tipo a la gente del pueblo por razones de “salud pública”. Jutificaron todo en virtud de pandemia, cuando ellos decían “salud pública” sabíamos que claramente hablaban de “seguridad nacional” en el sentido que le dan en los Estado Unidos al término.


Por ahora la partida de Berni queda en stand by:
Pasadas las elecciones, Berni amenaza con irse del Gobierno, pero sigue paseándose con el Gobernador Axel Kicillof mostrando aumentos y beneficios a las policía bonaerense, por eso de que “policía con aumento reprime más contento. Cada día otorgan más patrulleros y lo publicitan con pelos y señales en el sitio oficial de la Provincia de Buenos Aires. Si Berni no se va es porque vislumbran un horizonte de violencia institucional creciente si son derrotados nuevamente en noviembre. Algo que no pueden garantizar sus yamuy aburguesados inútiles a sueldo.
Albeto, Cristina, Kicillof y hasta Larreta necesitan de gente como Berni y por eso se queda, por su siniestra desfachatez y desprecio por las libertades públicas.

Le van a tolerar lo que sea, que le diga cachivache a su empleador en momentos desgraciados, lo que sea porque en la Argentina de las post pandemia se necesitarán palos y él siempre fue presto y servidor en esos menesteres. Como en el tema de la escalada represiva sobre las comunidades mapuches en el sur, es él el que acusa a los originarios de terrorismo y pide que intervengan fuerzas federales en la cuestión. Este payaso sádico tiene la suficiente cara de piedra para hacer de sacerdote de la violencia institucional cuando hace falta.
Por ahora, lo de Berni no es más que otro culebrón de esos que surgieron en el oficialismo luego de la derrota de septiembre. Ya vimos como el kirchnerismo puede mutar la imagen de quién sea de traidor a ídolo. En temas como pueblos originarios, derechos humanos, seguridad y narcotráfico, por decir algunos, en los que los kirchneristas dicen querer la paz, los machos castigadores como Berni hacen “independientemente” la guerra a los más débiles con cualquier excusa. Buscan votos por derecha y un “carapintada” metebalas es seductor para esa gente a la que buscan convencer antes de las elecciones de noviembre.
